FRANCISCO MONTES REINA (Paquiro) (TOREROS OLVIDADOS nº 21) por Juan José Zaldivar Ortega

FRANCISCO MONTES REINA (Paquiro) (TOREROS OLVIDADOS nº 21) por Juan José Zaldivar Ortega

Titulo del libro: FRANCISCO MONTES REINA (Paquiro) (TOREROS OLVIDADOS nº 21)

Autor: Juan José Zaldivar Ortega

Número de páginas: 228 páginas

Fecha de lanzamiento: October 31, 2018

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Juan José Zaldivar Ortega con FRANCISCO MONTES REINA (Paquiro) (TOREROS OLVIDADOS nº 21)

En la España de Francisco Montes Reina (Paquiro) muy pocos diestros tuvieron su carácter de hombre tan bondadoso y solidario como él y a la vez brillaron, entre los escritores, el duque de Rivas y don José Zorrilla, aficionados a los toros, entusiastas de la Fiesta Brava. De Gustavo Adolfo Bécquer se conservan ágiles apuntes de las suertes del toreo; los demás miembros pintores de su familia gustaron de las corridas. Debemos a Joaquín Domínguez Bécquer un cuadro que representa el paseo de las cuadrillas en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, con el coso todavía sin terminar. Nos visitan hombres de letras apasionados de las corridas: Alejandro Dumas, padre e hijo; Teófilo Gautier y Próspero Merimée. Edmundo de Amicis, al salir de la Plaza, preguntaba cuándo había toros otra vez, para no quedarse sin entrada. Y vino a España un pintor francés excepcional, Eugène Delacroix, a quien la corrida entusiasma e inspira una asombrosa acuarela de la suerte de varas, además de otros apuntes a lápiz. En aquellos años, últimos del siglo XVIII y principios del XIX, los jóvenes de Chiclana de la Frontera (Cádiz) y, en realidad, todos los de la región, disfrutaban de una verdadera fiebre taurina; ellos sabían de la fama y el dinero que en dicha profesión ganaba un mozuelo del pueblo, entonces rey de los toreros y uno de los hombre más populares de España, Francisco Montes Reina (Paquilo o Paquiro), y cada cual se creía capaz de realizar otro tanto. Y debemos aceptar que la Fiesta Brava evolucionó considerablemente gracias a Francisco Montes Reina por senderos de orden y armonía plástica. Así que el Arte del Toreo, el de Paquiro y Cúchares, de Lagartijo y Frascuelo, además de pictórico, fue musical en grado superlativo. Carlos IV quiso abolir, además de las corridas, otras expresiones del sentir español. Pero nuestro pueblo reencontró sus raíces más auténticas. Los sainetes con música castiza ganaron la partida. En octubre de 1856 se construyó un teatro exclusivamente para las célebres zarzuelas; Pan y Toros y El Barberillo de Lavapiés, que nos llevan desde mediados del siglo XIX por caminos de garbosa españolía que duran, como el gusto de la zarzuela grande, hasta mediados del siglo XX; después de esa fecha nos van a norteamericanizar cada vez más. En vez de Agua, Azucarillo y Aguardiente, llegarán el chicle, las hamburgueserías y otras costumbres que más vale no nombrar. Los toreros del Ochocientos son efigiados por los mejores pintores. A Paquiro lo pintaron Eugenio Lucas, Leonardo Alenza, José Domínguez Bécquer, José Elbo, Cortellini y Ángel Lizcano (para quien no posó). Según Álvaro Martínez Novillo el retrato fundamental de Montes se debe al valenciano Antonio Cabaña (c. 1840). Si buscamos Torería, con mayúscula, esperemos la llegada de don Mariano Fortuna. Sobresale su cuadro de conjunto Corrida, que data de 1869.

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